Los aviones no pueden volar si no hay aire, por lo tanto los sistemas convencionales no permitirían viajes a la Luna, puesto que el espacio entre ésta y la Tierra no contiene aire es donde entran en funcionamientos los nuebos descubrimientos y es donde se crea la nave espacial.
A principios del S. XX, comieza con el el ruso Konstantin Tsiolkovski encontró la solución mediante el empleo de la fuerza de los cohetes para luego ponerlos en las dicha nave espacial.
La autopropulsión de estos artefactos se basa en el sistema de combustión: cuando el combustible se enciende, los gases calientes salen por los tubos de escape y provocan el movimiento del cohete.